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Jóvenes lasallistas reflexionan sobre el país

Los últimos sucesos de nuestro país han puesto en grave peligro la integridad de nuestros jovenes y niños. Estas acciones distan completamente del país que como sociedad estamos construyendo; por tal motivo, nuestros estudiantes han expresado sus emociones y sentimientos a través de unos mensajes que invitan a la paz, a la transformación social y al cuidado de la vida, como principal eje social.

 

¡BASTA YA!

Colombia está pidiendo a gritos una voz que se levante y diga ¡BASTA YA!, así como lo dijeron hace un tiempo las comunidades indígenas, pueblos, ciudades, corregimientos y veredas, todos afectados por la violencia de nuestro país, hoy decimos como jóvenes ¡BASTA YA!; cada día nos levantamos pensando en qué otra tragedia tendremos que escuchar en las noticias, el 2020 se ha visto marcado por infinidades de perjurios, terror, pánico, violencia, emergencias sanitarias, confinamientos obligatorios, líderes y lideresas asesinados y ahora nos enfrentamos nuevamente ante un flagelo que no hemos podido superar como país, masacres de vidas inocentes han estado presentes en estas últimas semanas, hemos llorado la pérdida de estos jóvenes y nos ha dolido en el alma que nuevamente sigamos sin reconocer al otro como un ser que interpela nuestra existencia, un ser que trastoca nuestra humanidad y sin el cual no podríamos nombrarnos a nosotros mismos, se nos olvida que cada vez que un grupo armado o cualquiera de nosotros se levanta en contra del otro estamos pasando por encima de nosotros mismos.

Humillaciones, masacres, violencia y más violencia, ¡basta ya!, basta ya de hacernos los de la vista gorda, basta ya de fingir que esto solo pasa en las noticias, despertemos a nuestra realidad, el cambio empieza por los pocos o muchos que levanten su voz y defiendan lo que es de todos, el cambio empieza por defender nuestra vida, amar al otro, ser fraternos y construirnos como colectividad, somos un mismo país, somos una misma sangre. Samaniego Nariño y Cali, lloramos y nos dolemos con ustedes, jóvenes que merecían un futuro distinto hoy fueron azotados por un verdugo que cargamos hace tiempo, debemos alzar nuestras voces, que nos escuchen, desde la valentía de decir ¡BASTA YA!.

Luisa María Hernández Parra

Facultad de Ciencias de la Educación

 

 

Rabia, impotencia, tristeza, desesperanza, son sólo algunos sentimientos encontrados, de todo el dolor que se está sintiendo al ver que nos quieren callar, nos quieren dejar sin voz, ya no quieren una generación joven en este país. Yo, cómo joven estudiante de Colombia, repudio enormemente todo tipo de crímenes que a diario atormentan nuestra población. No hay justicia, no hay razón, no existen las respuestas en un país donde los muertos son el pan de cada día. Colombia, este pueblo merece saber la verdad, pero las mentiras y las falsas noticias se acobijan detrás de un gobierno mediocre y cómplice de la violencia.

La opinión joven nunca ha sido valorada ni tomada en cuenta, por eso siempre aspiramos a salir de aquí, a huir de un país sin garantías, sin empatía, sin memoria.

Angie Sofía Barbosa Romero

Programa de Biología.

 

Temo

Y ahí están de nuevo, los fantasmas del pasado que llegué a pensar que ya se estaban marchando. Temo, y no sólo por mí, temo por todos aquellos jóvenes del país, temo por aquellos que los hicieron ir, que sus almas no estén en paz al ver como su país se desangra en un luto permanente. Temo a que otra poeta escriba una segunda versión del canto de las moscas, que de nuevo esas letras toquen mi alma. Temo que la muerte se normalice, que se vuelva el día a día, que nuestras vidas se reduzcan a números en un noticiero.

Nuestras venas siguen abiertas, la sangre sigue manando, y temo, que en algún momento nos ahoguemos.

Alberto Bautte Torres

Facultad de Ciencias de la Educación

 

 

Ahora los jóvenes pagan el precio de una guerra que parece no tener fin en Colombia.

Teniendo en cuenta las masacres ocurridas en los últimos días en Colombia, donde el principal blanco han sido los niños y jóvenes, quienes llevaban sus manos llenas de esperanza para cambiar el futuro de este país, nosotros los jóvenes rurales alzamos la voz para rechazar y deplorar estos actos de violencia que parecían haber quedado en el pasado. Hoy vuelve a resurgir un capitulo siniestro en la historia del conflicto armado colombiano y trae consigo el terror que amedrenta a los ciudadanos obligándolos a vivir en un dilema e incertidumbre sobre lo que ocurrirá con sus vidas. Nosotros, al igual que los jóvenes de Nariño, Cauca y Valle del Cauca luchamos cada día por ser mejores personas, construir un proyecto de vida a través de la educación, pero nuestras esperanzas se reducen al saber que mañana podemos ser nosotros los próximos masacrados.

El dolor desgarrador de aquellas familias que perdieron a uno de sus seres queridos, nos mueven de manera significativa las fibras de nuestro corazón y nos hacen revivir momentos de nuestra historia que tal vez no queremos repetir. Vivir en carne propia la guerra, nos hace entender el sufrimiento y el dolor que tuvieron que soportar nuestros padres y abuelos al ser testigos de las masacres contra sus seres queridos. Hoy nos toca a nosotros presenciar las consecuencias de una guerra tan devastadora, donde las victimas siguen siendo personas civiles que desconocen el sentido de matar. Sin duda alguna rechazamos este tipo de acciones delictivas que atentan contra la integridad de los colombianos, haciendo que se extinga la tranquilidad de las personas. Como ciudadanos de este país, exigimos que se respete el derecho a la vida y pedimos al gobierno nacional que haga presencia en los departamentos más devastados por esta terrible criminalidad.

Oscar Segundo Solano Mesa

Jonathan Steeven Pérez Ortiz

Ingeniería Agronómica

Utopía

 

#SOSColombia

Es impactante que en pleno 2020, con tantísimas instituciones encargadas de proteger los derechos, propender por la seguridad y protección de les personas no suceda nada frente a las masacres y asesinatos de compatriotas, en este caso jóvenes. Jóvenes para les cuales el regalo de la Semana de la Juventud fueron una serie de masacres en diferentes partes del país. ¿Por qué? ¿Qué razón de asesinar a otro? ¿Qué necesidad de quitar la vida? ¿Quienes están decidiendo quien si puede vivir y quien no? Parece que aparte de les líderes sociales, desmovilizades de grupos armados y mujeres asesinades, nos sumamos a esta lista les jóvenes. Por esto debemos armarnos de valor para seguir participando y haciéndonos sentir y escuchar en la política, en nuestras comunidades, en la academia, en la cultura, en los deportes y en las calles; yendo más allá de las redes sociales. Les jóvenes podemos demostrar que desde el respeto, el empeño y la no saciedad que nos caracteriza como población, podemos construir un país donde quepames todes, donde nos acepetemes sin importar en lo que creamos, queramos o pensemos y es esto lo que nos diferenciará de les otras generaciones: que todes tenemos derecho a vivir.

Juan Sebastián Forero Pulido

Programa de Economía, Facultad de Ciencias Económicas y Sociales.

 

¡Feliz semana de la juventud!

Con esta frase empezábamos la semana del 10 de agosto. La prensa internacional resaltaba el valor de la juventud y la Organización de las Naciones Unidas preparaba eventos virtuales para conmemorar la fecha. Sin embargo, parece que la palabra “feliz” abandonó a los jóvenes colombianos y en su lugar vinieron a reinar las palabras “masacrados”, “asesinados” o “motilados”, pues lastimosamente, el recuento de la semana de la juventud en Colombia deja el saldo de 18 JÓVENES ASESINADOS y un JÓVEN MOTILADO a razón de su orientación sexual.

El panorama parece desolador para la juventud colombiana y para el país en general, la desesperanza toma lugar ante el recrudecimiento de la guerra en las regionales, ante la escalada de la violencia a manos de los grupos armados y sobre todo, ante el poco (por no decir nulo) compromiso del gobierno actual con La Paz.

Los jóvenes colombianos no tenemos más lágrimas para llorar a nuestros muertos y menos las tenemos si se trata de llorar a quien iba a entregar una tarea, a quien estaba elevando cometa o a quien estaba reunido con sus amigos. Sin embargo, de lo que sí tenemos ganas, es de exigir justicia para ellos y de exigir el país en paz al que tenemos derecho.

Alejandra Velásquez

Negocios y Relaciones Internacionales: Facultad de Ciencias Económicas y Sociales

 

Se pide Paz y valorar la Vida pero en cambio, no basta con que está pandemia y el servicio de salud sea ineficaz y se lleve a nuestro seres queridos. Sino, que la violencia apoya está miserable labor, arrebatando vidas inocentes y silenciando por siempre las valiosas vidas de los jóvenes de nuestro pais.
¿Hasta cuando tanta intolerancia y poco valor para la vida?

Brianis María Espitia Cortés

Como ciudadano y en particular como joven, alzo mi voz de protesta ante los diferentes hechos violentos ocurridos en el país. En un panorama tan desolador, de vidas y sueños truncados, me uno al profundo dolor y tristeza que sienten aquellas familias que pierden la esperanza de esos futuros no tan lejanos de los jóvenes asesinados. Repudio de manera crítica que el poder de aquellos violentos que acaban con sueños y libertades, sea de nuevo mucho más eficiente que la de esas fuerzas armadas cada vez más inoperantes en esa Colombia del olvido, en donde cada vez aumenta mucho más la desesperanza y se elimina el pensamiento del buen porvenir en nuestra Colombia profunda.

Como colombiano, vehementemente hago un llamado a las autoridades nacionales para que hagan su mayor esfuerzo por cumplir ese compromiso que tienen como Estado, brindando así protección y justicia, como parte de su tarea constitucional. Así mismo, hago mención a aquellos que equivocadamente creen que con esas acciones violentas que manchan aún más la historia de Colombia, pueden alcanzar sus verdaderos objetivos nobles. De manera fehaciente, enfatizo en que los hechos ocurridos los últimos días en el país no hacen parte de ese querer y sentir de nosotros los colombianos, contribuir cada vez más a una construcción de una verdadera paz reconciliada.

Santiago Morales Gaviria

Ingeniería Ambiental y Sanitaria.